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El Patolli: El juego de apuestas de los aztecas

A la hora de investigar sobre actividades recreativas de las civilizaciones precolombinas, el consenso general dicta que el juego más conocido es el famoso “juego de la pelota”. Se habla de él cómo el precursor del fútbol, y envolvía aspectos sociales y religiosos más allá de la simple competición (igual que el fútbol en todo caso).

Pero existía en la época otro juego muy popular que se asemejaba más a un juego de mesa. Mucho menos violento que el juego de la pelota, pero con un incipiente estratégico más grande e igual de importante en la sociedad.

Se llamaba “Patolli”, y fue jugado por teotihuacanos, toltecas, mayas y aztecas desde el año 200 A.C hasta los inicios del siglo XVI.

Del Patolli derivaban rituales ceremoniales asociados a Macuilxochitl, una divinidad mexica que representaba la música, la danza y los juegos. También tenía una importancia política, ya que se comprobó que los Tlatoani (gobernantes de una ciudad) lo jugaban entre ellos.

Las reglas exactas del juego aún se desconocen en exactitud, pero se sabe que se utilizaba un tablero que estaba grabado en piedra o bien pintado sobre esferas, pero los diseños cambiaban según el calendario y la civilización.

Estos Tlatoani muchas veces apostaban sus riquezas, como ornamentos de piedras preciosas, y se puede pensar que el creciente interés en nuestros días por la variedad de juegos de casino online donde apostamos a modalidades como el póker, la ruleta, o las tragamonedas, puede así encontrar su origen desde tiempos prehispánicos en donde el Patolli era una modalidad de juego lúdico como estas mencionadas que ya integraba apuestas.

Las reglas del juego se sacan de las únicas dos descripciones que existen del mismo, una de Fray Bernardino de Sahagún, que realizó una versión de los hechos en lengua náhuatl, y otra en castellano, siendo esta una versión incompleta. La segunda descripción viene de Fray Diego Durán, que es una versión más completa en castellano, pero a la que aún se detectan omisiones y fragmentos del juego no explicados.

El tablero era en forma de cruz (tal cual el parchís) y cada columna estaba divida en casillas que en total sumaban 52. No es ninguna casualidad que fueran 52 años los de un ciclo solar en la época precolombina. Se utilizaban piedras de colores para las fichas y los dados estaban hechos de frijoles. Se había de realizar un recorrido con las fichas hasta la meta o bien quedarse con todas las apuestas del oponente. Para llegar a la meta había que realizar todo el recorrido de los cuatro caminos formados por la cruz hasta llegar de vuelta al punto de partida.

La particularidad de los dados era que, al ser frijoles, tenían dos caras, por lo que una de ellas se marcaba con un punto el primero, el segundo con dos puntos, el tercero con tres y así sucesivamente hasta llenar cinco frijoles. Se utilizaban estos cinco frijoles para cada tirada y se contaban las veces que saliera la cara con el punto para saber cuántas casillas avanzar. Sin embargo, si salían 5 puntos se avanzaba 10 casillas, y si salían 10 se avanzaba 20 casillas.

Las piedras de colores que actuaban de fichas eran de dos colores, rojas o azules, un color para cada participante. En total, cada uno tenía 6 piedras que tenía que hacer cruzar el tablero. Algunas versiones indican que más de 2 jugadores podían jugar el juego hasta un máximo de 4.

Pero la realidad es que era un juego que se podía llegar a jugar por un gran número de personas que participaban indirectamente. Apostaban por el resultado que podían obtener los participantes principales, hasta el punto de apostar su propia indumentaria o de venderse a ellos mismos.

Los conquistadores españoles finalmente lo prohibieron, ya que era un juego que movía tanto flujo de riquezas, que podía terminar por afectar los bolsillos de la Realeza en favor de la sociedad azteca.

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