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Cihuateteo: mujeres muertas en el parto que eran diosas y guerreras

Cihuateteo, así se les llamaba a las deidades en el México originario que habían muerto dando a luz. Su batalla se recompensaba al acompañar al Sol en su camino y transito en el cielo junto a los guerreros más valientes.

 

Las cihuapipiltin, “princesas” recibían al poderoso astro en el cenit y lo descendían hasta el poniente, cihuatlampa, literalmente “lugar de las mujeres”. Mientras que los guerreros llevaban al Sol desde el este hasta el cenit.

También eran conocidas como mocihuaquetzqueh, “mujeres que se yerguen” se refiere el hecho de que se elevaban para ir al encuentro del Sol; ixcuiname, “lagañosas” o cihuateteoh, “diosas”.

Cihuateteo y Tlazolteotl

Relacionadas a Tlazoltéotl, la divinidad patrona del nacimiento es Tlazolteotl, Señora de la Inmundicia, que inspira en las personas el pensamiento pecaminoso, que nos lleva al sexo, y a veces al error y al mal.

Tlazolteotl es también el gran purificador, que limpia todo lo sucio y regenera los ciclos de la vida.

Funeral mexica de las mujeres muertas en el parto

Este se realizaba en el patio de un templo de Cihuacóatl, después del funeral, presidido por el esposo y un cortejo de parteras.

Su tumba debía ser vigilada durante cuatro días por los parientes más cercanos, pues era creencia de los guerreros que el dedo medio izquierdo y el cabello de la muerta eran poderosos amuletos de protección en la batalla por lo que solían desenterrarlas para llevarse en ese tiempo algo de las Cihuateto. Asimismo los cabellos y antebrazo izquierdo los hechiceros los solían usar para sus encantamientos.

Cihuateteo y La Llorona

Su patrona era la deidad Cihuacóatl, la recolectora de almas, la diosa del nacer y del fallecer, y en ocasiones se las considera como enviadas del Mictlan, el inframundo mexica.

Según dice la leyenda, fue en la caída de Moctezuma cuando las Cihuateteo se hicieron presentes durante los presagios de este acontecimiento, lamentándose por las calles de Tenochtitlan gritando en la noche ¡ay mis hijos! ¿a dónde me los llevaré?

Cuando llegaron los españoles, adaptaron la creencia prehispánica a partir del relato de una mujer de la nobleza que asesinó a sus propios hijos por el amor de un hombre, ahogándolos en un río o lanzándolos al río, dando lugar a la leyenda de la Llorona. Se decía que se las podía encontrar en los cruces de caminos llorando por sus hijos.

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